Suipacha 844 | CABA

Poetas Entrerrianos

Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres…
en la seda fantástica os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas…

Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio
de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,
despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus
juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?
Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el
secreto…
Y sé que a veces halláis la melodía más difícil
que duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…
Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la
poesía
igual que en un capullo…
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del
amor…

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Alma,
sobre la linde de ese aparecido de amarillo
en una acequia de limbo,
alma,
por qué tiritas,
si la melancolía, no lo ves?, pasa a su cielo, allá,
casi en seguida
encima del platino que pareciera el en sí
del río.

y encima del infinito que se redime,
agónicamente,
de las islas?…:
don de amor, por qué no?,
ella,
don de amor que se revela, es cierto, luego de cernirse
por un imposible de hojillas
y un imposible de nomeolvides,
pero que no puede menos de estirarse y estirarse, arriba,
en una iluminación
de hilas
que querrían curar la lividez, aún,
de la frente del anochecer
con una demora de rosa solamente, ay, solamente, todavía,
para la veladura del fin…

Es que Junio, en este momento, por ahí
sube, sube de los juncos,
y afila hasta el hielo las pestañas de la soledad
contra las “ánimas” de la crecida,
todas las “ánimas”
que ni al unirse, paradojalmente, y ser la propia desesperación
del aire
yéndose por sus heridas,
no han de tener otros ecos que ésos de sus letanías
en una invocación como a sí mismas,
se dirá,
en la misma espiral que anhelaría tocar, ay,
el sentimiento de Sirio. ..
ello en la línea de ese juego que ha de repetir
en la mirada del miedo
o en la pupila, si quieres, del destino de esas lástimas,
los guiños de la eternidad
o las raicillas que hundirán los años-luz,
en la quimera, también,
de la piedad de un abismo,
cuando los narcisos del origen, tal vez, con sus vigilias de
milenios,
y mares de silencio
entre sí,
desaparecieran, en qué antes?, bajo los remolinos de las
tinieblas,
en las avenidas del éter…
o volviesen a su llamamiento del principio
por los países de Alicia
hacia el amor de una nube…

Pero qué podrías hacer desde aquí, o desde tras de los visillos…
qué podrías hacer, siquiera,
por esos prójimos de silencio
que en este momento han de atar a su “cubil”
para una vela sin vela
entre una vela de estertores y de chasquidos
por ceñirles,
serpentinamente, las pajas?
Qué podrías hacer, di?
Podrías, acaso, desenredar ese silencio
a los fines de la voz
que enfrentará a las “diademas del sur”,
sí, del mismo “sur”?

—Mas mi privación del presente
no me induce, no, a olvidar la privación que “fantasmea”, me
permitiríais,
que “fantasmea “ las lamentaciones,
o que “fantasmea”, mejor, lo que el pajonal ha de decir
al aguzar una brisa…
Pero quién declararía, quién, que los mismos suspiros
que atraviesan unas muselinas
y se niegan, en realidad, de alguna manera,
los suspiros
al unirse y presionar, aunque misteriosamente, sobre las
ligaduras del atardecer
o la mudez de los anegadizos
no pudieran ayudarles, así, a liberar su metal,
para cuando, a su vez,
deban ellas inundar las constelaciones de las vías
o del propio frío,
con el coro de las cuentas?
—Sí, pero mientras,
cuántos, cuántos, sin alcanzar una ramilla
sobre la espuma y los nudos…
los nudos…
—Quién sabe… las callosidades hoy día
se habitúan, ligerísimamente, a calzar las siete leguas…
—Y hacia ellos, después,
la invasión de lo que ahora sólo ha de dar contra su llanto
en el rebote del llanto?
—Si continuasen, desde luego, cerrando la “familia”
a las “compañías” del viaje
que deben de esperar, a cada diluvio, desde
lo espectral o lo invisible,
y bajo las lunas, aún,
lo que en el Arca ha de venir
alguna vez, no?:
las cepas de ese linaje que irá salvando de su noche
a las sensitivas del agua,
en el camino de la mirada que no temblará,
no, en la relación,
ni en la participación,
fuera de los niveles y de la tristeza,
tal vez…
o en el camino del reencuentro, a través del
azul,
con el presente,
quizás,
de las criaturas de las profundidades…
y en esa caña, consecuentemente, sin divisiones, del sufí,
el hálito, nuevamente, uno, uno,
con la melodía…

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Sobre el poeta

juanlOrtiz nació el 11 de junio de 1896 en la localidad de Puerto Ruiz, pero pasó sus primeros años en las selvas de Montiel, un paisaje que marcó su poesía para siempre. Después de terminar sus estudios en la Escuela Normal Mixta de Maestros de Gualeguay,2​ en 1913 se traslada a Buenos Aires donde cursó la carrera de Filosofía. Participó de la bohemia literaria de los años veinte y trabó amistad con figuras literarias del ambiente, pero volvió a su provincia en 1915.3​ Residió en Gualeguay hasta 1942, año en que se jubiló de su empleo en el Registro Civil de la ciudad, y se trasladó a Paraná, donde se instaló definitivamente, «para estar más cerca del movimiento, de la gente» según declaró el mismo Ortiz a Alicia Dujovne Ortiz en una entrevista que esta le hizo en 1978.4​ En 1924 se casó con Gerarda Irazusta, con quien tuvo a su hijo Evar.

Sus primeros libros fueron impresos y distribuidos por el mismo Ortiz entre amigos o lectores conocidos, por lo que su obra tuvo poca difusión, y no fue hasta 1933 que se editó su primer poemario en Buenos Aires, El agua y la noche, con poemas escritos entre 1924 y 1932, y otro tanto ocurrió con el segundo, El alba sube…, publicado cuatro años después. En los años siguientes la publicación de sus libros fue mejor organizada, lo que permitió que tuviera una mayor difusión: La rama hacia el este (1940), El álamo y el viento (1947), El aire conmovido (1949), La mano infinita (1951), La brisa profunda (1954) El alma y las colinas (1956), De las raíces y del cielo (1958). Juanele, como comenzó a llamárselo en los círculos literarios de la capital, fumaba en largas boquillas de caña y publicaba sus poemas, de versos extensos, en libros de tipografía minúscula, cuidando hasta el extremo todos los aspectos de la edición, característica que tiende a ser respetada en las ediciones actuales. Su reputación de poeta de culto llegó hasta la vecina Provincia de Santa Fe, donde, entre otros, se encontraba el escritor Juan José Saer, quien lo visitaba frecuentemente junto con otros admiradores.

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En 1957 realiza su único viaje al exterior, invitado por el gobierno chino, como parte de una comisión de intelectuales argentinos que recorrió China y la Unión Soviética.

Después de más de diez años sin publicar, en 1971 la Biblioteca Vigil de Rosario reúne su poesía completa en tres volúmenes con el título Bajo el aura del sauce, que incluye además El junco y la corriente, La orilla que se abisma y El Gualeguay, hasta entonces inéditos. Este último, su poema más extenso (2639 versos), es a la vez una narración del paisaje y de los sucesos históricos y económicos que se produjeron en las riberas de uno de los ríos de la provincia. En 2006 fue editado en un volumen propio por la editorial Beatriz Viterbo, en una edición al cuidado de Sergio Delgado, quien también preparó una edición de las Obras completas de Ortiz en 1996 publicada por la Universidad del Litoral, con textos de Daniel García Helder y Martín Prieto.

Falleció el 2 de septiembre de 1978 en la ciudad de Paraná, a los 82 años de edad. La tensión de su obra entre la comunión con el paisaje y el conflicto social fue magníficamente descrita por el propio autor en estos versos:

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía
igual que en un capullo…
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

Se destacó asimismo como traductor de poetas como Paul Eluard, Giuseppe Ungaretti, Ezra Pound y algunos poetas chinos.2​

La leyenda de su figura alta, flaca, concentrada en la observación del paisaje fluvial, trascendió más que su extensa obra, de una «espléndida monotonía», en la que identifica su espíritu con el paisaje que lo rodeó durante toda su vida.

Aunque se consideraba socialista y llegó a integrar un comité de solidaridad con la República durante la guerra civil que dividió a España en los años 30, se mantuvo apartado de los grandes movimientos políticos y sociales de Buenos Aires, lo cual no quiere decir que haya dejado de lado la conciencia social. Los simbolistas franceses y la poesía oriental influyeron en su obra, caracterizada por la delicadeza y la disposición contemplativa, que alude siempre al río, los árboles, las inundaciones, los cambios climáticos, sin eludir la historia social de su provincia natal (sede de importantes frigoríficos desde comienzos del siglo XX), mostrando siempre una especial sensibilidad por el drama de la pobreza y, en particular, por los niños que la sufren en su inocencia.
Obras

OBRAS

El agua y la noche (1924-1932) (1933).
El alba sube… (1933-1936) (1937).
El ángel inclinado (1938).
La rama hacia el este (1940).
El álamo y el viento (1947).
El aire conmovido (1949).
La mano infinita (1951).
La brisa profunda (1954).
El alma y las colinas (1956).
De las raíces y del cielo (1958).
En el aura del sauce (1971), poesía completa en tres tomos

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Sobre el poeta

juanlJuan Laurentino Ortiz nació en Puerto Ruiz, Gualeguay, el 11 de Junio de 1896. Pasó su infancia en las selvas de Montiel, un paisaje que marcó su poesía para siempre. Realizó estudios de Filosofía y vivió un corto tiempo en Buenos Aires. Allí participó de la bohemia literaria de los años 20. Volvió pronto a su provincia. Aunque integró movimientos políticos, entre otros un comité de solidaridad con la República durante la guerra civil que dividió a España en los años 30, vivió aislado del ambiente cultural de la capital argentina; sólo viajó una vez al exterior, invitado por el gobierno de China comunista.

La leyenda de su figura alta, flaca, concentrada en la observación del paisaje fluvial, trascendió más que su extensa obra, de una “espléndida monotonía”, en la que identifica su espíritu con el paisaje que lo rodeó durante toda su vida.

Juanele, como comenzó a llamárselo en los círculos literarios de la capital, fumaba en largas boquillas de caña y publicaba sus poemas, de versos extensos, en libros de tipografía minúscula, cuidando hasta el extremo todos los aspectos de la edición, característica que tiende a ser respetada en las ediciones actuales.

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Los simbolistas franceses y la poesía oriental influyeron en su obra, caracterizada por ladelicadeza y la disposición contemplativa, que alude siempre al río, los árboles, las inundaciones, los cambios climáticos, sin eludir la historia social de su provincia natal (sede de importantes frigoríficos desde comienzos del Siglo XX), mostrando siempre una especial sensibilidad por el drama de la pobreza y, en particular, por los niños que la sufren en su inocencia.

Un largo poema suyo, “El Gualeguay”, es a la vez una narración del paisaje y de los sucesos históricos y económicos que se produjeron en las riberas de uno de los ríos de la provincia.

Ortiz murió en la ciudad de Paraná el 2 de Septiembre de 1978 La tensión de su obra entre la comunión con el paisaje y el conflicto social fue magníficamente descrita por el propio autor en estos versos: No olvidéis que la poesía, / si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva, / es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin, / cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin / y tendida humildemente,
humildemente, para el invento del amor…

OBRAS

“El agua y la noche” (1924-1932)
“El alba sube…”(1933-1936)
“El ángel inclinado” (1938)
“La rama hacia el este” (1940)
“El álamo y el viento” (1947)
“El aire conmovido” (1949)
“La mano infinita” (1951)
“La brisa profunda” (1954)
“El alma y las colinas” (1956)
“De las raíces y del cielo” (1958)
“En el aura del sauce” (Obras completas 1970-1971, incluye “El junco y la
corriente”, “El Gualeguay” y “La orilla que se abisma”, hasta entonces inéditos)
“Obra Completa” – Ed. U.N.L. (1996)

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